16 abr. 2011

Un pequeño aporte sobre la solidaridad a cargo de lxs compañerxs de Conspiración de las Células del Fuego

Extraído de afilandonuestrasvidas.blogspot.com

El siguiente artículo que presentamos reúne una serie de apuntes entorno a la práctica de la solidaridad revolucionaria y su contexto global. Ha sido realizado por lxs compañerxs de Conspiración de las Células del Fuego

La solidaridad es nuestra arma
Mucho se ha escrito y dicho sobre la solidaridad. A menudo, cuando se ha hablado tanto y cuando han circulado tantos textos sobre una cuestión, esta se queda como algo banal, previsible y no particularmente interesante. Parece como si su contenido hubiese sido agotado y continuamente se va repitiendo.
Nosotros estimamos que no hay prácticas que son banales, lo que hay son sólo razonamientos banales. Particularmente hoy en día, en estos tiempos sospechosos en que vivimos cuando hay decenas de guerrilleros urbanos y anarquistas en la cárcel, tenemos que afilar la hoja de la solidaridad y alejarla de sus reiterativos estereotipos que la encierran en un podrido circulo de “solidaridad con compañero tal y cual”.
Porque así algunos nombres se van cambiando y añadiendo mientras que otros se van olvidando, y la solidaridad se queda estancada y acaba siendo frecuentemente un privilegio de las relaciones, sea de amistad, personales o “publicas”.
En el momento en que a los nombres de los luchadores encarcelados y sus casos particulares se les mire como las páginas de un folleto de publicitario, el Poder ganará una apuesta importante: la de la aniquilación ética de sus rivales políticos, logrará establecer la cárcel dentro de nosotros como una aceptación natural.

De la defensa al ataque
No podemos hablar de solidaridad sin referirnos primero a la represión. Es indiscutible que la represión se está reestructurando y subiendo el grado en nivel militar (por ejemplo nuevos cuerpos de maderos como DIAS), científico-técnico (banco de ADN), propagandístico (guiones de terror de los medios de comunicación), y legal (nuevas clausulas de ley antiterrorista). El enemigo intenta de esta manera internar el miedo como una condición que se siente entre los círculos que luchan contra el régimen y no sólo en ellos.
Pero antes de enredarnos en lo complejo de la defensa contra la carga represiva, tenemos que ver lo que pasó anteriormente. Porque solamente nuestro saber y el tesoro de la memoria pueden vencer el miedo.
Desde hace algunos años, junto a los momentos explosivos de Diciembre de 2008, la guerrilla urbana de carácter anarquista, manifiesta su continua presencia en esta guerra que ha dejado muertos y heridos de ambos bandos, lo hace tras los coordinados ataques incendiarios, las infraestructuras organizadas del sabotaje y la articulación de un discurso subversivo que busca la revolución aquí y ahora.
En la orilla opuesta tenemos la represión que está en una permanente posición de guerra contra las fuerzas de la subversión. Por esto, creemos que su reestructurización ofensiva no ha surgido como una iniciativa del Estado que surge de golpe en un tiempo neutral, sino como la respuesta al creciente desarrollo de la nueva guerrilla urbana y naturalmente como un escudo de defensa contra las impetuosas oposiciones del automatismo social (crisis económica, desempleo, huelgas…).
Enfocándonos en nuestras propias opciones de la nueva guerrilla urbana podemos decir con certeza que la represión funciona siguiendo la consecuencia lógica del fenómeno acción/reacción. Por tanto, no nos vemos a nosotros mismos en una posición defensiva.
Hasta siendo bajo la condición de cautiverio elegimos poner al revés los términos de una capitulación derrotista y en vez de eso, orgullosamente asumimos la responsabilidad de nuestra acción, defendiendo las posiciones y valores de la Conspiración de Células del Fuego a la cual pertenecemos, y planteando nuevos proyectos de subversión, ataque y sabotaje.
Por lo tanto, la represión no es un fantasma que se eleva sobre nosotros, sino la respuesta del Estado a la guerra que le hemos declarado. Por esto consideramos que los nuevos compañeros y colaboradores en rebeldía no tienen porqué enfrentarse al Poder como a un enemigo omnipotente que lo sabe todo, sino más bien como a un desafío contra el que desarrollar nuevas y duras batallas. Además, los éxitos del enemigo frecuentemente tienen que ver con nuestros propios errores, pero eso es otro debate y lo dejamos para el futuro.
De este modo nos posicionamos lejos de los complejos de la defensa y del miedo, en la posición del permanente ataque. Y a los que se precipitan en hablar sobre la derrota teniendo en mente bastantes arrestos que tuvieron lugar reciéntemente, nosotros respondemos que el resultado de una movida no define ni valora el contenido de una opción. Además, el verdadero valor de la libertad no está en guardarla a toda costa, sino en arriesgarla buscando lo mejor, luchando por una vida genuína al margen de las leyes.

Qué la libertad sea la lima que permita fugarse de los ambos lados del muro
La solidaridad revolucionaria es un mapa vivo en el cual se graban los hechos y opiniones que el idioma del dominio quiere metódicamente borrar de la memoria, eliminar de la consciencia y anular como si nunca hubiesen existido.
No obstante, al mismo tiempo la solidaridad es siempre la más valida propuesta de las conductas, relaciones y de la proyectualización de los valores de la revolución en el aquí y ahora.
Es un modo de existir colectivamente contra la sociedad de la soledad.
La solidaridad constituye una lava ardiente que fluye en las venas de todos los que, cada uno a su manera, están en contra de su época y en contra del orden existente. Tras su ímpetu se hace claro un hecho indiscutible: el que combate el Poder no tiene que ser nuestro amigo, pero se gana, naturalmente no nuestra ilimitada aceptación, pero sí nuestro cordial apoyo. Este razonamiento inspira todos nuestros ataques y todas las acciones que los que formamos parte de Conspiración de Células del Fuego llevamos a cabo como individualidades autónomas.
Es muy importante darnos cuenta de que la solidaridad revolucionaria expresada tras la opción del ataque permanente no surgió en el imaginario de una supuesta identificación con ciertas ideas y prácticas. Y eso porque frecuentemente la solidaridad queda malinterpretada y resulta percibida como un acuerdo total entre los presos y los solidarios en lo que se refiere a la teoría y acción.
Al contrario. Nació como respuesta a un permanente dilema de nuestra época: o estás con el Estado, o estás con la revolución. El hecho de reconocer esto no significa que vayamos a esconder las armas de la crítica o rebajar nuestro discurso, o volvernos más agradables con los que tenemos discrepancias. Solidaridad sin crítica es como revolución sin acción. Con la crítica profundizamos en la esencia de la causa. De esta manera reconocemos unos puntos que tenemos en común, pero también los diferentes puntos de referencia que tenemos cada uno de nosotros. Evolucionamos nuestro pensamiento, nuestra práctica y estamos atentos a las particulares características de las diferentes tendencias que constituyen el ámbito de la lucha contra el régimen. Esa es también la belleza de la revolución: no hay ninguna verdad única, de una sola pieza, ni tampoco una tradición ortodoxa que dicta qué es lo correcto y lo erróneo.
Al contrario, el ámbito antiautoritario es un mosaico de las negaciones que se conectan, entrelazan, rivalizan y suplementan una a otra, pero siempre en marco de una dialéctica. Se trata de la dialéctica de la solidaridad que no olvida nunca quién es el enemigo, quiénes son los que saquean nuestra existencia, quiénes son los que quieren librarse de nosotros “sepultándonos” en las tumbas carcelarias.

Las armas de la crítica y la crítica de “la crítica”
Tras ese prisma en varios periodos hemos ejercido la crítica, y algunas veces de una forma bastante dura, contra otros proyectos, otras organizaciones, casas ocupadas, ciertas prácticas y tradiciones de lucha. Sin embargo, siempre sabemos hacia donde miramos con hostilidad y hacia qué blanco dirigimos nuestras armas. Nunca olvidamos que entre los revolucionarios y el enemigo hay una línea divisoria muy clara, precisa y determinada. Seguimos creyendo que dentro del ámbito antiautoritario, a pesar de nuestros desacuerdos, contradicciones, diferencias y tensiones, las cosas que nos unen son muchas más que los que nos dividen. Basta con saber que la dialéctica se basa en la reciprocidad y en la honestidad de intenciones y motivaciones para la promulgación de la guerra revolucionaria, y no en unas necias ambiciones del ascenso personal dentro de las jerarquías informales de los círculos subversivos. En tales casos lo único que les corresponde es nuestro violento aborrecimiento.
A partir de ahí, nos vemos como parte de la tendencia anarco-individualista y nihilista de la corriente antiautoriaria, y apostamos por el carácter polimórfico de la revolución anarquista. Accionando en público, sea tras nuestras estructuras clandestinas, sea como encarcelados, tenemos como objetivo tanto ejercer la crítica como aceptarla. Nunca hemos sostenido una verdad exclusiva y absoluta sobre la revolución. Estamos convencidos de que la genuína expresión de la autocrítica y de la crítica tras una solidaridad revolucionaria no puede sino contribuir a la causa subversiva. Bajar del pedestal las verdades dogmaticas, configurar nuevos conceptos, transferir experiencias, formular cuestiones y problemas, abrir comunicaciones, enriquecer acuerdos y desacuerdos, y componer una nueva perspectiva para cada uno de nosotros en la comunidad revolucionaria.

Momentos de lucha contra el viento
De este modo, la expresión de la solidaridad puede dar paso a un terreno fértil de la dialéctica y del dialogo entre los solidarios y los presos. Pero también puede ser la chispa para lograr algo más. Para que se logre crear un nuevo punto de partida para las acciones coordinadas y que estas no se limiten exclusivamente a la tematica anticarcelaria. Cuestión a la que nos vamos a referir en nuestro posicionamiento posterior.
Siguiendo el rastro de las experiencias históricas del pasado, nos encontramos con algunos de los más destacados momentos de lucha, ahí donde los solidarios y los prisioneros aprenden uno del otro, se organizan y juntos montan unos planes subversivos en contra del encarcelamiento y del pacto del Poder. La solidaridad es un conjunto de todos esos momentos (Uruguay, Inglaterra/Irlanda, Alemania, Italia, Estado español, etc.) en que los guerrilleros urbanos encarcelados y muchos otros presos dignos, a pesar de todas sus diferencias y conflictos, se conectaron y juntaron en un mosaico lleno de varias tendencias y corrientes que luchan contra el régimen. De las ejecuciones de los representantes del régimen y los secuestros de políticos y empresarios a las asambleas solidarias, y de los carteles contrainformativos y los eslóganes pintados sobre las paredes a las bombas y ataques incendiarios…se llevaron a cabo decenas de fugas de la cárcel, reales y simbólicas.
Porque también hoy en día los pedazos rotos que deja trás de si una bomba o un artefacto incendiario traen consigo un mensaje de solidaridad o un cartel de apoyo, una concentración en frente de la cárcel, una carta o un texto, y ellos se convierten en esos pocos “amigos” fieles que un preso tiene a su lado en la batalla contra el cautiverio.
Estas movidas son la mejor respuesta a la democracia que los dirigentes nos han construído con sus tumbas de hormigón, cemento y rejas. Es la solidaridad lo que nos mantiene libres, aunque siendo encarcelados. El olvido es al contrario una forma de muerte para el preso, puesto que los días no pasan como deberían, sino que se empobrecen, se hacen más pequeños y se vacían de contenido.
Así, tras una dimensión crítica de la solidaridad, ella misma deja de ser un proceso repetitivo y poco productivo, y seguramente se aleja mucho del humanismo cristiano que en frente del enemigo habla el idioma de la súplica.
Hace años la faceta incendiaria de la anarquía en su mayor parte se ha limitado a si misma dentro del marco de una solidaridad auto-referente, que tras las reivindicaciones de los ataques asumidas con una llamada telefónica repasaba cada vez de nuevo el estereotipo de “libertad al compañero tal o cual”. De este modo cada caso se iba personalizando, así ineludiblemente la conexión significativa de la opción (incendio, atraco, vandalismos durante una marcha) por cual ha estado procesado el compañero preso se escapaban del alcance de otras personalidades autónomas que querían descubrir los significados que podrían tener en común con esa opción. De esta manera la solidaridad se convierte en una causa que tiene que ver sólo con los amigos más cercanos del preso y funciona según “el barómetro de la simpatía” que éste goza.
Consideramos que durante los últimos años el paso de las oportunas acciones ofensivas a la creación de los grupos de acción directa y infraestructuras organizadas ha librado a la solidaridad incendiaria de sus estereotipos y ha empezado a producir un conjunto de discurso con los comunicados, análisis, y textos que presentan a cada práctica revolucionaria clandestina como una propuesta abierta para quién quiera conocerla y adaptarla también, rechazarla o lo más fundamental, desarrollarla.
Lo mismo sucede también con unos determinados procesos asambleístas, que sin ofrecer a cada compañero preso “el derecho de asilo” por una equivocada heroización, le dan la posibilidad de hablar a él mismo, sea por medio de publicaciones o conversaciones telefónicas, y así permiten crear un espacio vivo para el diálogo, los acuerdos y las diferencias.
Porque la apuesta no es crear una amplio movimiento de solidaridad que “corre detrás” de los casos de cada preso, sino construir un autentico canal de comunicación que derrumbe los muros que nos separan.
Al mismo tiempo vemos como algo muy importante extender la solidaridad a nivel global. La propuesta abierta de montar la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional contribuye justo a esa perspectiva. Es una manera de romper en praxis el silencio y la desinformación sobre lo que sucede en una lejana “otra parte” y colectivizar todos aquellos momentos en cada lugar del mundo que dicen “No” al Poder, no agachar la cabeza ante el Estado, caminar contra el viento de nuestra época y plantear aquellos terrenos utópicos para la tierra liberada donde la guerra revolucionaria es tan necesaria como el sol para la vida…
Hasta que llegue el día, permanezcamos con la cabeza alta…

Viva la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional

Conspiración de Células del Fuego

Olga Ikonomidou
Panagiotis Argyrou
Hasris Hadzimihelakis
Giorgos Nikolopoulos
Giorgos Polydoros
Hristos Tsakalos
Gerasimos Tsakalos
Damianos Bolano
Mihalis Nikolopoulos

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