27 jun. 2012

Quarenta dias no fundo dum poço.- Um relato da luta mineira

Fazemo-nos eco desta história narrada na web de "periodismo humano" onde a jornalista da conta da experiência de baixar a 3000 metros da superfície para encontrar-se com os sete mineiros (Alfredo González, José Antonio Pérez Molina, Víctor Manuel Almeida, Primitivo Basalo, José Araujo, José Pérez e Segundo Porto) que levavam 40 dias encirrados no poço Santa Cruz do Sil (Ponferrada)como jeito de protesto pola situaçom da minária.

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A tan solo 3 kilómetros lejos de la luz del sol, en el interior de la mina, el aire comienza a hacerse más espeso y la humedad hace acto de presencia, se va clavando en los huesos casi sin que uno se dé cuenta. “Esto es lo mejor de la mina”, comenta Primitivo Basalo cuando nos ve llegar. Nos recibe junto con sus 6 compañeros dentro del habitáculo de no más de 40 metros cuadrados que se han acondicionado para el encierro.

Un rincón revestido de madera que durante estos 40 días que llevan ya metidos bajo tierra, han convertido en su hogar. Dentro de él, un pequeño desnivel divide lo que podría ser el salón-comedor en el que hay una mesa hecha de tablones de madera con sus respectivos asientos, y el sitio en el que duermen. En lugar de colchones, tienen colchonetas y en lugar de sábanas, sacos de dormir. “Más allá de donde dormimos hay una galería”, comenta Primitivo, pero ellos se las han arreglado para construir una pared con una fina madera en la que además de protegerles de la corriente, puedan colgar algunas fotos de la familia y hasta un pequeño abanico, a modo de decoración.
Fuera han conseguido hacerse una ducha con un bidón de plástico que recargan a diario con el agua caliente que les traen sus compañeros del exterior. Dejan más que claro que son personas que están acostumbradas a sobrevivir.

Ellos 7, junto con Eduardo González que tuvo que abandonar hace más de una semana el encierro a causa de un principio de neumonía, decidieron voluntariamente, del total de los 30 mineros que hay en el pozo de Santa Cruz del Sil (Ponferrada), quedarse encerrados en señal de protesta por el 63% de los recortes que desde el Ministerio de Industria se quiere aplicar al sector del carbón, y que prácticamente supondría su fin. “Nosotros optamos por quedarnos encerrados, pero otros están cortando las carreteras, están los que se han ido a Madrid en la marcha… cada uno aporta de una manera diferente”, comenta Víctor Manuel Almeida.

A pesar de que los días de encierro empiezan hacer mella en su estado anímico – algo que ellos mismo reconocen- y de lo interminables que se les llegan hacer allí metidos, tan solo guiados por las horas del desayuno, la comida y la cena que las marca la llegada de los compañeros que les llevan los alimentos desde el exterior, siguen mantenido la esperanza, “que es lo último que se pierde”, de que la situación se arregle, así como las ganas de seguir luchando por conseguirlo. “Es todo o nada” (…) “Esto es lo único que tenemos y hay que aferrarse a ello como sea”. “Los de otros sectores no luchan de la misma manera porque no pierden el puesto de trabajo. Pero para nosotros esto no es un recorte salarial, es el cierre de las minas y por tanto, quedarse sin trabajo”. Quien habla es José Pérez de 35 años de edad, el benjamín del grupo, casado y con una niña de 4 años, para quien lo más duro moralmente de estar allí dentro metido es no poder ver a la familia, aunque al mismo tiempo pensar en ella es lo que le hace fuerte, tanto a él como al resto de sus compañeros. “Vivir o morir”, comenta Primitivo Basalo al respecto, a lo que añade: “esta guerra no la empezamos nosotros. El convenio ya estaba firmado hasta 2018, para entonces se acordó un recorte del 10% y que la minería que se pudiera seguir sustentando seguiría y la que no, cerraría. ¿A qué viene el recorte del 63% entonces?” (…) “No estamos pidiendo nada que no nos corresponda. Qué cumplan lo pactado”.

“¿Dónde vamos a ir si la mina cierra?”, Alfredo González lanza al aire la pregunta que se les pasa por la cabeza a todos los mineros durante estos días. “En toda España ahora no hay nada de trabajo, pero aquí (comarca del Bierzo y Ponferrada), no hay nada, de nada” (…) “Además no luchamos solo por nosotros, sino también por las generaciones futuras que quieran trabajar en la mina”. “Es que para nosotros”, acota José Pérez al respecto, “esto es nuestra vida” (…) “Somos mineros y estamos muy orgullosos de serlo”.

Estos 40 días de encierro con sus respectivas horas, minutos y segundos, han dado mucho para la reflexión y el debate entre ellos sobre todo lo que está sucediendo en España y en concreto a su sector. Ese debate es alimentado por la prensa diaria que sus compañeros del exterior se encargan de hacerles llegar y con mucha de la cual se sienten resentidos y lo hacen notar: primero porque consideran que hubo censura informativa sobre sus movilizaciones por parte de algunos medios de comunicación al inicio; en segundo lugar, por habérseles tachado de terroristas; y en tercero, porque creen que se sigue fomentando el mito del alto salario que cobra un minero y lo joven que se jubila. “A la gente que está diciendo que nos retiramos con 41 años le diría que nosotros no cotizamos como un trabajador normal por año, sino por año y medio” (…) “Algunos marchan de la mina con 41 años sí, pero muchos con silicosis, articulaciones machacadas, quien más o quien menos ha tenido algún accidente que le ha dejado un brazo, una pierna o un dedo mal… y luego está la esperanza de vida de un minero que se ha tirado 20 años bajo tierra. El que llega a los 80 años es un fenómeno”, señala Primitivo Basalo en un tono bastante dolido. Su compañero José Pérez continúa: “si sacamos una peseta, nos sacan cinco del cuerpo. Aquí nadie nos regala nada”.

En la superficie de la mina el sentimiento que tienen al respecto los compañeros de los 7 protagonistas del encierro es el mismo: “La gente se cree que el minero vive con un buen jornal, aquí no pasamos de los 1.500 euros al mes. Se trabaja más horas que hace años y se cobra mucho menos y si no estás contento, a la calle”, quien lo comenta es Lino Joaquín Araujo Sousa también minero de Santa Cruz del Sil. “Si mucha de la gente que habla sin saber lo que es este trabajo viniera a la mina solo un mes a picar con nosotros, no diría lo que está diciendo” (…) “Que esa gente que opina sin saber entre un mes con nosotros día, tras día… que juzguen sabiendo lo que se trabaja y lo que ganamos por ello”. “Hay seguros, como el del hogar, en el que tengo que pagar el doble por trabajar en la mina, y en algunas compañías directamente no te quieren asegurar, por algo será…”.

Lino Joaquín tiene 46 años, 3 hijos de 22, 18 y 5 años. El único sueldo que entra en su casa es el suyo y pagando una hipoteca de 800 euros, “me da para comer y para pagar, nada más”, comenta. “Hay trabajadores de la mina de la zona que no han salido en su vida de esta comarca y que no tienen estudios, ¿dónde vas con 40, 56 o 46 años que es mi caso a ganarte la vida, tal y como están las cosas?”. “Yo para finales de año me iba a prejubilar, si antes de que eso pase cierran eso y me dicen que se acabó, ¿dónde voy? ¿Qué hago?, me quitan la casa y me veo en la calle, como les está pasando a muchas familias”.

Es la misma pregunta que se hace Ana Belén Fernandéz, mujer de Primitivo Basalo. “Mi marido lleva 20 años trabajando en la mina de los 40 que tiene, si la cierran ¿dónde le van a dar trabajo? ¿En qué empresa lo van a contratar tal y como está la cosa con su estado de salud?, preferirán antes contratar a un chaval de 20” (…) “De la minería en esta zona no solo viven los mineros y sus familiares, viven también los comercios, los bares, los supermercados, etc. Si los mineros no compran, ¿quién lo va hacer?”. “Si así es como quieren acabar con el paro, vamos por mal camino”, señala Ana Belén. “Para nosotros hoy por hoy es impensable no vivir de la mina”, afirma Ángel Augusto Carro, otro de los mineros del pozo de Santa Cruz del Sil. “Si la minería se acaba, Ponferrada se viene abajo”.

“El problema es que ellos (los políticos) viven en sus casitas, sentados en sus sillones, con su pastita… que vengan aquí y vean cómo trabajan y vean la realidad de los números” dice Ana Belén.

¿Dónde está? (por Rajoy), ¿Por qué no da la cara?”, se pregunta Raúl González, compañero de los 7 mineros encerrados. “Solo se preocupa por Bankia. España no solo son los bancos” (…) “Las ayudas a la minería las da Bruselas, sin embargo aquí no ha llegado el dinero, ¿dónde está?” (…) “En esta comarca la minería es el eslabón principal de la cadena, si se rompe va todo detrás”. Sobre esto último que comenta Raúl, la comarca del Bierzo lo tiene claro, “como acaben con la minería tendremos que emigrar todos al Congo al final”, le comenta a Periodismo Humano la dueña de un restaurante de la localidad de Matarrosa. Tanto en este pueblo, como en el resto de la comarca del Bierzo, numerosos carteles en la puerta de los establecimientos, sean del tipo que sean, tienen en su entrada o en los escaparates los lazos negros en señal de duelo por la minería. Como muestra de ello Ana Belén comenta: “desde que empezó el encierro nosotras no les hemos traído nada de comida, se la traen los compañeros, los restaurantes de la zona, las juntas vecinales… les traen desayuno, comida y cena. La verdad es que todo el mundo de la zona se está portando muy bien con nosotros”.

Muchas de las mujeres y familiares de los mineros encerrados se conocieron a raíz del encierro al darse cita día, tras día en la bocamina en la que están a pie de cañón apoyando a sus maridos. “Nosotras no nos conocíamos porque cada una somos de un pueblo distinto. Pero aquí nos hemos hecho familia” señala Ana Pereira, mujer de Segundo Porto. Hablan con ellos todos los días, mañana y tarde, por un teléfono interno de seguridad que tiene la propia mina. “Nosotras estamos sufriendo y tenemos muchas ganas de verlos, porque nos dicen que están bien, pero no sabemos si eso es así, aunque les apoyamos en esta decisión al 100%”, comenta Ana Belén. “Y eso que estamos acostumbradas a sufrir”, señala Ana Pereira, mujer de Segundo, “porque tú por la mañana cuando va a trabajar sabes cuándo va, pero no si volverá” (…) “De todos modos, yo ya estoy acostumbrada, vengo de familia minera, hasta mi suegra lo fue, así que esta es nuestra vida”.

Rosario Giralda González de 78 años es la suegra de Ana Pereira y madre de Segundo Porto, uno de los 7 mineros encerrados. Ella ya fue minera de esa misma mina durante 11 años. “De aquellas había muchas mujeres mineras, luego ya no se dejó que la mujer trabajara en la mina”, comenta Rosario a Periodismo Humano. “Te metías a trabajar a la mina pensando que estabas asegurada y no era así. Yo estuve un año entero sin asegurar y sin saberlo”.

Bajaba y subía andando por las empinadas laderas de los montes a la mina desde la 08:00 de la mañana hasta no se sabía qué hora. “Había veces que te daba hasta otro día a las 09:00 por dos míseras pesetas que cobrábamos” (…) “Además, antes no había maquinaria, se hacía todo manual”. “Los manderos esos (por los políticos) no saben lo que es la mina”.

Las mujeres también se sienten dolidas por el tratamiento que algunos medios de comunicación han dado a las protestas mineras en estas últimas semanas, tal como señala Ana Belén: “nos tratan como a terroristas. Es verdad que hemos cortado las carreteras, porque si no nos hacemos notar, no nos hacen caso. Sentimos mucho las molestias que hemos podido ocasionar a la gente, pero tenemos que luchar por nuestros derechos” (…) “Ahí arriba (señala el monte que está por encima de la explotación minera) tenemos a la secreta con un coche parada día sí, día también. Nos para la Guardia Civil cada dos por tres porque tienen fichadas nuestras matrículas. Nos tratan como a delincuentes porque defendemos nuestros derechos”.

“El único sector que lucha de verdad por los recortes es la minería. A la sanidad se le está recortando mucho y nada. Hay que revelarse, no puede venir un gobierno y pisotear así como así los derechos que llevamos tantos años defendiendo. Hay que revelarse. A nosotros de aquí no nos moverán”
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